!!!Crisis en la Escuela de Medicina de la UPTC!!!
Visión de un estudiante, egresado y regresado....
Son ya, catorce años los que nos alejan de aquel primer día de clases al que acudíamos 45 estudiantes y dos profesores. Era el día de inicio de actividades de la tan esperada escuela de medicina de la UPTC, escuela, de los Boyacenses y para los Boyacenses. Una Semana atrás se había llevado acabo, el acto de inauguración, en el que miembros honoríficos de la sociedad, incluido el obispo, en medio de discursos y bendiciones anunciaban con orgullo el logro de dar comienzo a esta escuela. Así fue, bendición arzobispal incluida y crucifijo de regalo nos lanzaban a esta travesía.
Nos encontrábamos reunidos en la hoy sede de la escuela de derecho, para aquella época funcionaba allí la escuela de enfermería, se asignó para la escuela por orden administrativa un salón en el segundo piso de este edificio. Salón, que gracias a la ingeniería práctica y propia de nuestra Universidad, fue dividido con un triplex, para que también hiciera las veces de dirección de escuela. Nos descubrimos allí 47 seres, en medio, de la primera crisis. 45 estudiantes que reclamaban sede, laboratorios y médicos para la escuela de medicina, dos docentes médicos a los que se les exigía la misión de construir la escuela que el pueblo Boyacense reclamaba desde varías décadas atrás.
Gracias a las gestiones de la comunidad, en cabeza del llamado comité Pro Facultad de Medicina, se había construido una sede en los terrenos del Hospital San Rafael, pero por aquellos inconvenientes en la creación y otros que mejor no mencionaré, en esta edificación funcionaba la escuela de postgrados de la Facultad de Ciencias de la Salud, facultad que contaba, en ese momento, solo con la mencionada escuela de postgrados y la escuela de Enfermería. Luego de ser informados, a cerca de la historia y de los esfuerzos de toda una comunidad por tener sus médicos y su escuela de medicina, fuimos invitados a ser parte de lo que en ese momento era solo un sueño. Fuimos comprometidos a hacer escuela, a aportar con nuestro estudio y a luchar a diario en conseguir, inventar, replantear, trazar y lograr metas, para esta escuela, porque la escuela eramos y somos nosotros, no los muros, ni los laboratorios.
Superados los primeros inconvenientes, conseguimos estar en la actual sede, semestre a semestre se vincularon más estudiantes y docentes, de orígenes diversos: Santandereanos, Llaneros, Boyacenses, Costeños, Cachacos, Rolos, Paisas etc,etc... Y la escuela de boyacénses se convirtió en escuela de todos. Entre clases, reuniones y tertulias, día a día nos reunimos a compartir y construir unos principios éticos y académicos que marcarían la forma de actuar con la deberíamos comprometernos los miembros de esta colectividad. En medio de una de estas tertulias, durante el ensayo de una obra de teatro, a cargo del grupo el Búho y la Bicicleta, el crucifijo regalado por el obispo en la inauguración, !sufrió un atentado! y fue roto, cosa que no molesto demasiado a nuestros directivos, que lo asumieron como símbolo de libre pensamiento. La obra ensayada, si levanto algunas ampollas, pues buscaba llamar la atención sobre el compromiso de cada miembro de la escuela y especialmente de los docentes.
A partir de ahí, siguieron una, tras otra, muchas crisis, que siempre convocaban a los miembros de la escuela. Con posiciones al parecer distantes, unos propendían por un médico humano, con compromiso social, integral... otros, con objetivos similares a los unos, hablaban de la necesidad de la especialización de enfatizar en el conocimiento molecular y clínico... incluso se crearon algunos enfrentamientos y distancias entre los miembros de la colectividad. En fin, crisis tras crisis, desde el respeto a la diferencia, siempre fuimos y construimos escuela: comunidad reunida pensando, replanteando lo que se quería y para donde se iría.
Iniciando el nuevo milenio, la escuela graduó sus primeros egresados y el compromiso continuó, abrir espacios en todo lugar a donde llegáramos, llevando con nosotros el apego de algo a lo que siempre perteneceremos, la Escuela de Medicina de la UPTC.
Inició, según creo, una de las más importantes fases, la de acreditación.
El compromiso y los logros de los egresados iniciarían y marcarían la acreditación social, no la del CNA, ni la que se impone desde fuera. La que como médicos comprometidos debemos asumir frente a nuestros pacientes, nuestra escuela y la comunidad. Hoy hay 425 egresados, repartidos por toda la geografía colombiana y del mundo, gran porcentaje continuando estudios de postgrado en diversas áreas, contamos con: médicos de familia, auditores, cirujanos, neurólogos, neurocientíficos, internistas, pediatras, epidemiólogos, médicos docentes, fisiatras, y médicos generales, desde Brazil hasta España y desde Argentina a Estados Unidos y Canadá. Cada uno de los miembros de esta colectividad, estudiantes, egresados y docentes, son y deben ser, la mejor carta de acreditación de esta escuela, porque somos nosotros la escuela en sí.
Bienvenidas las crisis, que inviten a repensar para donde vamos, que nos inviten a evaluar lo logrado, que nos inviten a valorar nuestro compromiso con lo planteado en el Proyecto Académico, que nos hagan preguntarnos que estamos aportando, que nos lleven a pensar en nuestra labor frente a la comunidad, que nos pongan siempre a pensar en como ser cada vez mejores, en como afrontar esta realidad de pobreza, insolidaridad y enfermedad, que hoy vive nuestra sociedad.
Crisis que tienen que cuestionar sobre el quienes y el como enfocar nuestro camino, crisis que denuncien las necesidades para lograr mejorar, crisis que nos hagan preguntarnos por qué la docente mejor evaluada y egresada de esta escuela hoy no esta hoy vinculada laboralmente. Por qué la organización estudiantil, (como El COA, CEMPI, IATROS, no tienen reconocimiento institucional a pesar de ser una recomendación de los pares académicos durante la visita de estándares mínimos de calidad), por qué no existe un seguimiento institucional a los egresados?, Por qué un porcentaje más alto de nuestros egresados docentes trabajan en otras escuelas y no en la nuestra?, crisis que señalen a los no comprometidos, crisis que nos inviten a ser y construir escuela.
Bernardo F. Meléndez Alvarez
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